Bulldog francés
Compacto, divertido y muy mimoso, el Bulldog francés es un compañero ideal para la ciudad, siempre que se le proteja bien del calor.

Historia y orígenes
El Bulldog francés desciende de pequeños bulldogs ingleses llevados a Francia en el siglo XIX, en particular por trabajadores del encaje. En París se convirtió en el compañero de los artesanos y después de la alta sociedad.
Sus orejas de murciélago se convirtieron en su seña de identidad, y hoy es una de las razas más populares del mundo.
Carácter
Alegre, cariñoso y a veces testarudo, el Bulldog francés adora la compañía humana y sigue a sus dueños a todas partes. Ladra poco y suele llevarse bien con niños y otros animales.
Lleva mal la soledad y responde mejor a una educación suave, breve y lúdica que a la imposición.
Salud
Su hocico muy corto lo expone al síndrome respiratorio de las razas braquicéfalas: ronquidos, falta de aire e intolerancia al esfuerzo y al calor. También son frecuentes los problemas de columna, piel y ojos.
Elige un criador que seleccione perros que respiren bien, y consulta al veterinario ante la menor señal de dificultad respiratoria.
Esta información es general. Ante cualquier duda sobre la salud de tu perro, consulta a un veterinario.
Alimentación
Engorda con facilidad, lo que agrava sus problemas respiratorios. Una alimentación de calidad en raciones medidas y pocos premios son esenciales.
Algunos ejemplares tienen una digestión sensible, así que evita los cambios bruscos de alimentación.
Actividad física
Le bastan paseos tranquilos y juegos cortos. Nunca hay que obligarlo a correr mucho rato ni dejarlo nadar sin vigilancia, porque nada muy mal.
Usa un arnés en lugar de un collar para no dificultar su respiración.
En verano, limita las salidas a las horas frescas, mantenlo en una habitación ventilada o climatizada y no lo dejes nunca dentro de un coche, ni siquiera unos minutos. Un jadeo ruidoso, una lengua morada o debilidad son urgencias veterinarias.
Cuidados
Su pelo corto necesita pocos cuidados, pero hay que limpiar y secar con regularidad los pliegues de la cara para evitar irritaciones.
Vigila también sus orejas y ojos.



