Mastín napolitano
Macizo y cubierto de pliegues, el Mastín napolitano es un guardián imponente, tranquilo y leal, cuya salud exige mucha atención.

Historia y orígenes
El Mastín napolitano desciende de los grandes molosos de guarda de la Italia antigua. Se conservó en la región de Nápoles, donde vigilaba granjas y propiedades.
La raza se fijó y se reconoció a mediados del siglo XX.
Carácter
Tranquilo, leal y muy protector, el Mastín napolitano desconfía de los extraños y disuade con su sola presencia. Es cariñoso con su familia.
Necesita un dueño con experiencia, una socialización temprana y una educación firme y paciente.
Algunas regiones restringen la tenencia de esta raza; consulta la normativa local.
Salud
Su piel muy plegada favorece las infecciones, y sus párpados caídos, las irritaciones oculares. La displasia, la torsión de estómago, los problemas cardíacos y el golpe de calor son también riesgos importantes.
Un seguimiento veterinario muy regular es imprescindible.
Esta información es general. Ante cualquier duda sobre la salud de tu perro, consulta a un veterinario.
Alimentación
El cachorro debe crecer despacio con un alimento para razas grandes. De adulto, dos o tres comidas al día y reposo después de cada una.
Evita cualquier sobrepeso.
Actividad física
Necesita paseos tranquilos diarios, sin esfuerzos intensos.
El calor limita mucho su actividad.
Necesita una casa con jardín y dueños bien informados.
Cuidados
Su pelo corto se cepilla una vez por semana, pero los pliegues de la piel y de la cara deben limpiarse y secarse varias veces por semana. Babea mucho.
Vigila sus ojos.



